Es Amunts: el norte indomable de Ibiza
Cuando la gente piensa en Ibiza, raramente imagina acantilados de cien metros de altura cayendo en vertical sobre un mar furioso, bosques de pinos tan densos que apenas dejan pasar la luz, y pueblecitos de casas blancas donde el tiempo parece haberse detenido.
Pero eso es exactamente lo que encontrarás en Es Amunts, la franja norte de la isla que se extiende desde Sant Mateu hasta Sant Joan, y que para los ibicencos de toda la vida es el corazón verdadero de nuestra tierra.
Un paisaje protegido y único
Es Amunts está declarada Área Natural de Especial Interés, y con razón. Aquí la costa es escarpada e inaccesible, la agricultura tradicional de bancales se mantiene como hace siglos, y la densidad de población es mínima.
Encontrarás casas payesas centenarias dispersas entre campos de almendros, olivos y algarrobos, con sus pozos y sus muros de piedra seca que hablan de generaciones de ibicencos trabajando la tierra con paciencia y sabiduría. Es un paisaje que te conecta con la historia profunda de la isla.
Ruta recomendada: de Na Xamena a Benirrás
El punto de partida
Una de las rutas más espectaculares de Es Amunts conecta el mirador de Na Xamena con la playa de Benirrás, recorriendo unos diez kilómetros de costa y montaña. El punto de partida es el aparcamiento del hotel de Na Xamena, donde hay un mirador con vistas a los acantilados más altos de Ibiza.
Desde aquí sale un sendero que serpentea por el borde del precipicio, ofreciendo panorámicas de vértigo sobre un mar que, según el día, puede estar tan azul y plácido como una piscina o tan gris y agitado como un océano atlántico.
El descenso por el barranco
El camino desciende luego por un barranco boscoso donde crecen encinas, lentiscos y matorrales aromáticos. Si vienes en primavera, el suelo estará cubierto de orquídeas silvestres, anémonas y otras flores que convierten el paseo en un festival de colores.
En otoño, tras las primeras lluvias, el bosque exhala ese olor a tierra mojada y a setas que a los ibicencos nos señala el comienzo de la temporada de esclatasangs, el rovellón ibicenco que es uno de nuestros tesoros gastronómicos.
Consejo local: si vienes en noviembre tras las lluvias, presta atención al suelo del bosque. Los esclatasangs crecen bajo los pinos y son fáciles de identificar por su sombrero anaranjado con manchas verdes. Pero nunca recojas setas si no estás seguro de lo que son.
Puntos de interés en la ruta
A mitad de camino encontrarás los restos de antiguos hornos de cal, construcciones circulares de piedra donde nuestros antepasados cocían la piedra caliza para obtener la cal blanca con la que encalaban las casas. Estos hornos, llamados forns de calç en ibicenco, son parte fundamental de nuestro patrimonio rural.
Según te acercas a Benirrás, el paisaje se suaviza y aparece el valle que baja hacia la playa. Los últimos kilómetros discurren entre campos cultivados y casas payesas tradicionales. La llegada a Benirrás es un premio maravilloso: una playa de cantos rodados enmarcada por colinas boscosas, con el islote del Cap Bernat emergiendo del agua como un dedo de piedra señalando al cielo.
Qué llevar
- Agua suficiente (mínimo 2 litros por persona)
- Comida y snacks energéticos
- Protección solar y gorra
- Calzado de montaña con tobillo alto
- Mapa o GPS con el track descargado
- Ropa de abrigo ligera (el viento en los acantilados puede ser frío)
Información práctica
- Distancia: 10 km (lineal)
- Desnivel acumulado: 450 m positivos, 500 m negativos
- Dificultad: Media-Alta
- Duración: 4-5 horas sin contar paradas
- Mejor época: Octubre a mayo
- Señalización: Parcial, imprescindible llevar GPS